martes, marzo 18, 2008

Introscopia 29


Y cuando pienso o me prgeuntan si cambian las personas realmente, pienso en mi misma y me doy cuenta de que conservo los mismos rasgos desde que tengo memoria.
La frialdad para mentir, mirándo a los ojos, la rapidez para deprimirme hasta lo absurdo, la inocencia para enamorarme sin muchas preguntas, la indiferencia total para ser cruel si quiero ser.
La velocidad para perdonar, sin pedir excusas y la memoria implacable, pero limpia de rencores.
La venganza dormida.
La curiosidad dormida.
La ligereza dormida.
Los remordimientos constantes. Propensa a la alegría y a la culpa, a la buena vida y la poca verguenza.
Vulnerable a la paranoia de desconfiar hasta de mi sombra, suceptible a confiar en el resto, ilusa hasta la médula.
La agresividad intrínseca y la melancolía esporádica.
Oyente de respiraciones y susurros, sacudida entre besos y sollozos, enemiga natural de mi misma.

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