Lo extraño de recuperar un recuerdo matutino es esa sensación de no poder lograrlo, es ese temblor de manos, de brazos enteros, esas sacudidas transparentes de todo el cuerpo y el parpadeo incesante y turbio de mis ojos manchados.
Lo cálido de recuperar un recuerdo en el ocaso de un dia es la sensación de tener control sobre el cielo anaranjado, la sensación tibia de las sábanas en mi piel y el adormecimiento de mis dedos entre mi pelo.
Lo terrible de recuperar un recuerdo nocturno es esa culpabilidad de haber escupido tantas veces el reloj y de haber maldecido el tiempo. Porque es en las noches, en esas en las que quiero sacarme las uñas a tirones, cuando el tiempo disfruta su venganza y amplia su inmensidad, perdiendome en el y convenciendome a remezones de su existencia brutal.
Lo bueno de despertar sofocada es recordar que el sol está trás mi ventana, recordandome que nuevamente le torcí la mano al destino.
lunes, diciembre 22, 2008
viernes, diciembre 19, 2008
Introscopia 78
A veces no entiendo la palidez de tu rostro, que lo hace lejano y cortante. A veces descubro que debo acercarme para notar que no es palidez si no miedo.
A veces no entiendo la ambivalencia en tus ojos, que los hacen mentirosos y defraudados. A veces descubro que debo mirar más atrás. (Y cuando lo hago me veo a mi misma, de espaldas al vacío)
A veces tengo miedo en las noches, cuando algunos entes de algodón entran en mi pieza y tu boca está mordida, absorbida por las grandes ventosas sabor durazno que tienen mis fantasías.
A veces, cuando miro el mar, me pregunto si eres feliz. Y secretamente espero que seas lo más infeliz posible, espero que te comas las uñas como un demente, que pienses en todo y no entiendas nada, que te confundas y te desorientes, que despiertes en lugares que no conoces o que estés en aquellos que no quisieras, así como lo hago yo.
A veces esucho ladrar a los perros, una cortina me roza el rostro.
A veces descubro que simplemente no me importa nada.
A veces no entiendo la ambivalencia en tus ojos, que los hacen mentirosos y defraudados. A veces descubro que debo mirar más atrás. (Y cuando lo hago me veo a mi misma, de espaldas al vacío)
A veces tengo miedo en las noches, cuando algunos entes de algodón entran en mi pieza y tu boca está mordida, absorbida por las grandes ventosas sabor durazno que tienen mis fantasías.
A veces, cuando miro el mar, me pregunto si eres feliz. Y secretamente espero que seas lo más infeliz posible, espero que te comas las uñas como un demente, que pienses en todo y no entiendas nada, que te confundas y te desorientes, que despiertes en lugares que no conoces o que estés en aquellos que no quisieras, así como lo hago yo.
A veces esucho ladrar a los perros, una cortina me roza el rostro.
A veces descubro que simplemente no me importa nada.
lunes, diciembre 15, 2008
Introscopia 77
Dime en que idioma me estás hablando, porque no puedo entender lo que dices.
Y no es que quiera desconocerte ahora, cuando las heridas han quedado expuestas.
No reconozco las verdes espumas que de tu boca emana, no reconozco las ásperas manos con la que te cubres el rostro. No me corta el frío cristal de tu aliento.
Tiemblo, porque espero tu caída abismal.
Y tal vez sea culpa mía olvidar tan rápido, pero de nada me servía recordarte porque nunca tuviste nombre.
¿Por qué te apegas a mis venas y te encaminas a mi boca?
Si para mí, eres animal desconocido, fauna nueva y sin nombre, sin antecedente y sin historia.
Tiemblo, porque espero tu muerte diaria.
¿Con qué tipo de movimientos metálicos pretendes mantenerte exento de castigo?
¿Y de qué ha de servirte ser pastor de tus propios impulsos?
Si de fuego están hechas tus palabras y de frenesí las huellas de tus pasos.
Tiemblo, porque ya no temo contradecirte.
¿Con qué derecho rehúsas de tu especie humana?
Si has escalado con las mismas dificultades que otros, las escalas eternas de los días y como todo hombre te has enredado en árboles obstaculizadores.
¿Por qué esperas una vida de piedra?
Si has vivido tanto.
Tiemblo porque huelo tu irreversible derrota.
¿Con qué idioma te acercas a la frontera de mi adolescencia?
Deja que el tiempo madure las piedras con las que has de construir los baldíos pisos desde los que has de mirarme.
Tiemblo, porque eres el único rey muerto que sigue vivo.
Y no es que quiera desconocerte ahora, cuando las heridas han quedado expuestas.
No reconozco las verdes espumas que de tu boca emana, no reconozco las ásperas manos con la que te cubres el rostro. No me corta el frío cristal de tu aliento.
Tiemblo, porque espero tu caída abismal.
Y tal vez sea culpa mía olvidar tan rápido, pero de nada me servía recordarte porque nunca tuviste nombre.
¿Por qué te apegas a mis venas y te encaminas a mi boca?
Si para mí, eres animal desconocido, fauna nueva y sin nombre, sin antecedente y sin historia.
Tiemblo, porque espero tu muerte diaria.
¿Con qué tipo de movimientos metálicos pretendes mantenerte exento de castigo?
¿Y de qué ha de servirte ser pastor de tus propios impulsos?
Si de fuego están hechas tus palabras y de frenesí las huellas de tus pasos.
Tiemblo, porque ya no temo contradecirte.
¿Con qué derecho rehúsas de tu especie humana?
Si has escalado con las mismas dificultades que otros, las escalas eternas de los días y como todo hombre te has enredado en árboles obstaculizadores.
¿Por qué esperas una vida de piedra?
Si has vivido tanto.
Tiemblo porque huelo tu irreversible derrota.
¿Con qué idioma te acercas a la frontera de mi adolescencia?
Deja que el tiempo madure las piedras con las que has de construir los baldíos pisos desde los que has de mirarme.
Tiemblo, porque eres el único rey muerto que sigue vivo.
martes, diciembre 09, 2008
Introscopia 76
Una vez conocí a un tipo que estaba ausente y lo golpeé en la cara y me fuí con su hermana y no se inmutó porque nunca estuvo.
Una vez conocí a un tipo que estaba ausente y le rasgué la piel con los dientes y le arranqué el cabello y no me sintió porque nunca estuvo.
Una vez conocí a un tipo que estaba ausente y me desnudé en su espejo y rayé sus paredes y no me vio porque nunca estuvo.
Una vez conocí a un tipo y le destrocé el alma, maté a su madre y quemé a su perro y no lloró porque nunca estuvo.
Y ahora tú, te preguntas ¿cómo? ¿Cómo puedo seguir existiendo después de lo que has hecho?
La respuesta se levanta por sí misma, yo soy una tipa ausente y en realidad... nunca estuve.
Una vez conocí a un tipo que estaba ausente y le rasgué la piel con los dientes y le arranqué el cabello y no me sintió porque nunca estuvo.
Una vez conocí a un tipo que estaba ausente y me desnudé en su espejo y rayé sus paredes y no me vio porque nunca estuvo.
Una vez conocí a un tipo y le destrocé el alma, maté a su madre y quemé a su perro y no lloró porque nunca estuvo.
Y ahora tú, te preguntas ¿cómo? ¿Cómo puedo seguir existiendo después de lo que has hecho?
La respuesta se levanta por sí misma, yo soy una tipa ausente y en realidad... nunca estuve.
domingo, diciembre 07, 2008
Introscopia 75
Por mi ventana entra una brisa verde, un contagio de los transeuntes, un murmullo de mil lenguas.
Las luces se comunican y un gato perdido no encuentra explicación a su existencia.
Hay dos basureros que intentan dar a conocer su amor, por las noches se miran, acalorados por la timidez y la pasión escondida.
Todo eso hay en mi noche.
Hay cortinas que bailan ante mis ojos, delicadas, desnudas e imparciales.
El resto de las cosas esparcidas en la calle me gritan desde abajo, porque yo los observo desde arriba y me dicen que es tiempo de reinventar, de recrear, de rediciplinar y de salir corriendo.
Se trepan uno sobre otro y comienza a parecerse todo a mi peor pesadilla, están llegando a mi ventana y estoy asustada.
Salgo volando y comtemplo seres sin rostro, ninguno de ellos está dispuesto a abrazarme, porque muchos me tienen miedo, otros me odian y para la gran mayoría soy simplemente indiferente.
Vuelvo, agotada a mi ventana y enciendo un cigarrillo antes de que lo peor comience.
Una serie de objetos afilados han logrado subir hasta mi lecho y han desgarrado mis brazos frágiles, el resto sonrie.
Una serie de objetos redondos han logrado meterse en mi cama y me asfixian sin razón, estoy llorando de dolor, de miedo, de ansias, de ganas de que todo acabe. El resto sonrie.
Una serie de basuras han logrado meterse en mis ojos y ya no veo nada, tampoco lloro porque ya no tengo ojos, las cavidades vacías en mi cara han de llenarse de moscas... tarde o temprano...
¿El resto?
Sonrie.
Las luces se comunican y un gato perdido no encuentra explicación a su existencia.
Hay dos basureros que intentan dar a conocer su amor, por las noches se miran, acalorados por la timidez y la pasión escondida.
Todo eso hay en mi noche.
Hay cortinas que bailan ante mis ojos, delicadas, desnudas e imparciales.
El resto de las cosas esparcidas en la calle me gritan desde abajo, porque yo los observo desde arriba y me dicen que es tiempo de reinventar, de recrear, de rediciplinar y de salir corriendo.
Se trepan uno sobre otro y comienza a parecerse todo a mi peor pesadilla, están llegando a mi ventana y estoy asustada.
Salgo volando y comtemplo seres sin rostro, ninguno de ellos está dispuesto a abrazarme, porque muchos me tienen miedo, otros me odian y para la gran mayoría soy simplemente indiferente.
Vuelvo, agotada a mi ventana y enciendo un cigarrillo antes de que lo peor comience.
Una serie de objetos afilados han logrado subir hasta mi lecho y han desgarrado mis brazos frágiles, el resto sonrie.
Una serie de objetos redondos han logrado meterse en mi cama y me asfixian sin razón, estoy llorando de dolor, de miedo, de ansias, de ganas de que todo acabe. El resto sonrie.
Una serie de basuras han logrado meterse en mis ojos y ya no veo nada, tampoco lloro porque ya no tengo ojos, las cavidades vacías en mi cara han de llenarse de moscas... tarde o temprano...
¿El resto?
Sonrie.
jueves, diciembre 04, 2008
Introscopia 74
Y yo nunca miento.
Y yo soy una víbora.
Y yo nunca bebo.
Y yo soy un perro.
Y yo nunca muero.
Yyo soy un ángel.
Y yo nunca siento.
Y yo soy un cerdo.
Y yo nunca intento.
Y yo soy un cuento.
Y yo nunca pierdo.
Y yo soy un rayo.
Y yo nunca grito.
Y yo soy un terremoto.
Y yo nunca sueño.
Y yo soy un gato.
Y yo nunca observo.
Y yo soy un libro.
Y yo nunca pruebo.
Y yo soy un error.
Y yo nunca lloro.
Y yo soy un beso.
y yo nunca vuelo.
Y yo soy un miedo.
Y yo nunca encuentro.
Y yo soy un arma.
Y yo nunca temo.
Porque si, señores, yo soy la hija del diablo.
El mal hecho carne y me cago en dios.
Y yo soy una víbora.
Y yo nunca bebo.
Y yo soy un perro.
Y yo nunca muero.
Yyo soy un ángel.
Y yo nunca siento.
Y yo soy un cerdo.
Y yo nunca intento.
Y yo soy un cuento.
Y yo nunca pierdo.
Y yo soy un rayo.
Y yo nunca grito.
Y yo soy un terremoto.
Y yo nunca sueño.
Y yo soy un gato.
Y yo nunca observo.
Y yo soy un libro.
Y yo nunca pruebo.
Y yo soy un error.
Y yo nunca lloro.
Y yo soy un beso.
y yo nunca vuelo.
Y yo soy un miedo.
Y yo nunca encuentro.
Y yo soy un arma.
Y yo nunca temo.
Porque si, señores, yo soy la hija del diablo.
El mal hecho carne y me cago en dios.
lunes, diciembre 01, 2008
Introscopia 73
El primer sol de la mañana dibujó tu torso en mis sábanas y tus ojos cansados tenian las cicatrices de una noche larga.
Y aprendí una nueva forma de leer tus brazos y tu aprendiste que las yemas de tus dedos no sólo saben expresarse con la música.
Y no suelen ser las espaldas las que sienten el frio de mis paredes, y no suelen ser muchas las personas que permiten que los latidos de su corazón marquen el ritmo de los besos...
Y no suelen ser muchas las personas que me despiertan con una canción, una de esas viejas, de esas oxidadas, de esas de algún viejo maldito, borracho y loco, de esas que me gustan tanto. Canciones con letras escritas en un lenguaje extraño, en ese lenguaje que se crea del contacto de tu lengua con la mía.
Y no suelo sumergirme en esos ambientes marinos, donde danzan los cuerpos y la electricidad nace en movimientos nerviosos.
Y no suelo estar como estoy ahora, bulímica de palabras que me recuerden tus antojadizas formas y mi antojadiza sed saciada con tu pelo, de aquella antojadiza madrugada.
Y aprendí una nueva forma de leer tus brazos y tu aprendiste que las yemas de tus dedos no sólo saben expresarse con la música.
Y no suelen ser las espaldas las que sienten el frio de mis paredes, y no suelen ser muchas las personas que permiten que los latidos de su corazón marquen el ritmo de los besos...
Y no suelen ser muchas las personas que me despiertan con una canción, una de esas viejas, de esas oxidadas, de esas de algún viejo maldito, borracho y loco, de esas que me gustan tanto. Canciones con letras escritas en un lenguaje extraño, en ese lenguaje que se crea del contacto de tu lengua con la mía.
Y no suelo sumergirme en esos ambientes marinos, donde danzan los cuerpos y la electricidad nace en movimientos nerviosos.
Y no suelo estar como estoy ahora, bulímica de palabras que me recuerden tus antojadizas formas y mi antojadiza sed saciada con tu pelo, de aquella antojadiza madrugada.
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