Dime en que idioma me estás hablando, porque no puedo entender lo que dices.
Y no es que quiera desconocerte ahora, cuando las heridas han quedado expuestas.
No reconozco las verdes espumas que de tu boca emana, no reconozco las ásperas manos con la que te cubres el rostro. No me corta el frío cristal de tu aliento.
Tiemblo, porque espero tu caída abismal.
Y tal vez sea culpa mía olvidar tan rápido, pero de nada me servía recordarte porque nunca tuviste nombre.
¿Por qué te apegas a mis venas y te encaminas a mi boca?
Si para mí, eres animal desconocido, fauna nueva y sin nombre, sin antecedente y sin historia.
Tiemblo, porque espero tu muerte diaria.
¿Con qué tipo de movimientos metálicos pretendes mantenerte exento de castigo?
¿Y de qué ha de servirte ser pastor de tus propios impulsos?
Si de fuego están hechas tus palabras y de frenesí las huellas de tus pasos.
Tiemblo, porque ya no temo contradecirte.
¿Con qué derecho rehúsas de tu especie humana?
Si has escalado con las mismas dificultades que otros, las escalas eternas de los días y como todo hombre te has enredado en árboles obstaculizadores.
¿Por qué esperas una vida de piedra?
Si has vivido tanto.
Tiemblo porque huelo tu irreversible derrota.
¿Con qué idioma te acercas a la frontera de mi adolescencia?
Deja que el tiempo madure las piedras con las que has de construir los baldíos pisos desde los que has de mirarme.
Tiemblo, porque eres el único rey muerto que sigue vivo.
lunes, diciembre 15, 2008
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