A veces no entiendo la palidez de tu rostro, que lo hace lejano y cortante. A veces descubro que debo acercarme para notar que no es palidez si no miedo.
A veces no entiendo la ambivalencia en tus ojos, que los hacen mentirosos y defraudados. A veces descubro que debo mirar más atrás. (Y cuando lo hago me veo a mi misma, de espaldas al vacío)
A veces tengo miedo en las noches, cuando algunos entes de algodón entran en mi pieza y tu boca está mordida, absorbida por las grandes ventosas sabor durazno que tienen mis fantasías.
A veces, cuando miro el mar, me pregunto si eres feliz. Y secretamente espero que seas lo más infeliz posible, espero que te comas las uñas como un demente, que pienses en todo y no entiendas nada, que te confundas y te desorientes, que despiertes en lugares que no conoces o que estés en aquellos que no quisieras, así como lo hago yo.
A veces esucho ladrar a los perros, una cortina me roza el rostro.
A veces descubro que simplemente no me importa nada.
viernes, diciembre 19, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario