lunes, abril 27, 2009

Introscopía 93

Viajera del espacio, charquito de aguas negras.
Hay tantas cosas que tu eres y yo nunca sere.
Porque me siento incompleta a ratos y porque me sentía mejor cuando tu pestaña me tapaba el sol.
Toma los vinos finos de mi infinita tristeza, yo me bebo tu sangre brillante en un vaso plástico, me quiebro las muelas con tus huesos y como vidrios.
Viajera del tiempo, bala perdida, no quiero que te alejes, gracias a ti no pego los ojos.
Glacial... Glacial.
Fui la más patética cuando me traté de acercar.
Estoy temblando de verguenza porque los semaforos siempre están a tu favor.

Vuelve a resolver mis problemas matemáticos y dale luz a mi oscura habitación, calculando con cuidado los minutos, con tu locura excepcional.
Dejame subir de nuevo al techo de tu casita de papel.
Viajera del espacio, tú y tus emociones cínicas, tus ánforas de polvo de sumisión, tus dedos blandos y tus hombros de blanco marfil.

viernes, abril 17, 2009

Introscopia 92

Llegué al punto medio, a la cúspide de mis opuestos, a mis espaldas una mitad del camino, frente a mí, la otra. Estoy tan mareada, es la altura y el vértigo, mis pies están de puntillas y el agudo vertice de mi mala suerte comienza a lastimarme un tobillo.
De puntillas, con la cara hacía el cielo para no perder concentración, los brazos a los lados para sentirme una cruz en el mapa, se me erizan los pelos de la nuca por el miedo y la satisfacción de estar a medio camino.
Las nubes saludan sin darse cuenta de mi presencia agradecida, el sol se ha escondido para no quemarme las pestañas y el valle que está a mi pies luce verde y danza con el viento que lo inclina, en ondas de seda que tientan una abrupta caida.

lunes, abril 06, 2009

Introscopia 91

Intravenosa de veneno, te odio.
Te odio porque me extirpaste el hígado y me mareaste en tu carrusel sin sentido, te odio porque no te quiero y quisiera hacerlo.
Te odio como odio a todo aquello que no sale de la tierra.
Bastarda de mil lugares acuosos y verdes y negros y acuosos verdes rojizos, ojos violeta y maldita seas.
Atropello mis palabras, como quisiera atropellarte a tí, muerdo mis dedos como quisiera morderte los ojos, tus pestañas cosquillean en mis labios y te escupo ácido.
Te detesto en las mañanas y en las tardes, en las noches con mayor razón, porque no eres nada, nadie, algo o mucho, nada. Pareciera que hay un ventrilocuo escondido en tu vientre, entre tus víseras tibias, un ventrilocuo que me grita mientras tus labios no se mueven, porque se detuvo la noche y las luces también se detuvieron y la gente no se da cuenta... Y tú estás al medio, maldición neutral, te odio. Estás al medio sonriendo, con los ojos enegrecidos y la boca cerrada, los brazos a los lados y el pelo en la frente, porque así me gustas, porque pareces muerta.
Y sé que estás ahí,pero sólo yo me doy cuenta, porque te escucho gritarme, porque eres una ilusión que se traga el resto, porque yo sé que además de estar al medio de la maldita gente, estás también a mi lado, poniendo tu lengua en mi oreja, apretando con tus uñas mis brazos fríos, desangrándome a lo lejos, con tu apacible silueta, como una huella tonta de un Dios sin sentido del humor, desangrándome desde lejos, inerme e inerte, porque así me gustas y así te odio porque parece que estuvieras muerta.