lunes, abril 06, 2009

Introscopia 91

Intravenosa de veneno, te odio.
Te odio porque me extirpaste el hígado y me mareaste en tu carrusel sin sentido, te odio porque no te quiero y quisiera hacerlo.
Te odio como odio a todo aquello que no sale de la tierra.
Bastarda de mil lugares acuosos y verdes y negros y acuosos verdes rojizos, ojos violeta y maldita seas.
Atropello mis palabras, como quisiera atropellarte a tí, muerdo mis dedos como quisiera morderte los ojos, tus pestañas cosquillean en mis labios y te escupo ácido.
Te detesto en las mañanas y en las tardes, en las noches con mayor razón, porque no eres nada, nadie, algo o mucho, nada. Pareciera que hay un ventrilocuo escondido en tu vientre, entre tus víseras tibias, un ventrilocuo que me grita mientras tus labios no se mueven, porque se detuvo la noche y las luces también se detuvieron y la gente no se da cuenta... Y tú estás al medio, maldición neutral, te odio. Estás al medio sonriendo, con los ojos enegrecidos y la boca cerrada, los brazos a los lados y el pelo en la frente, porque así me gustas, porque pareces muerta.
Y sé que estás ahí,pero sólo yo me doy cuenta, porque te escucho gritarme, porque eres una ilusión que se traga el resto, porque yo sé que además de estar al medio de la maldita gente, estás también a mi lado, poniendo tu lengua en mi oreja, apretando con tus uñas mis brazos fríos, desangrándome a lo lejos, con tu apacible silueta, como una huella tonta de un Dios sin sentido del humor, desangrándome desde lejos, inerme e inerte, porque así me gustas y así te odio porque parece que estuvieras muerta.

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