El primer sol de la mañana dibujó tu torso en mis sábanas y tus ojos cansados tenian las cicatrices de una noche larga.
Y aprendí una nueva forma de leer tus brazos y tu aprendiste que las yemas de tus dedos no sólo saben expresarse con la música.
Y no suelen ser las espaldas las que sienten el frio de mis paredes, y no suelen ser muchas las personas que permiten que los latidos de su corazón marquen el ritmo de los besos...
Y no suelen ser muchas las personas que me despiertan con una canción, una de esas viejas, de esas oxidadas, de esas de algún viejo maldito, borracho y loco, de esas que me gustan tanto. Canciones con letras escritas en un lenguaje extraño, en ese lenguaje que se crea del contacto de tu lengua con la mía.
Y no suelo sumergirme en esos ambientes marinos, donde danzan los cuerpos y la electricidad nace en movimientos nerviosos.
Y no suelo estar como estoy ahora, bulímica de palabras que me recuerden tus antojadizas formas y mi antojadiza sed saciada con tu pelo, de aquella antojadiza madrugada.
lunes, diciembre 01, 2008
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