Nauseas, dolor, rabia y verguenza...
Mezcla insólita y petrificante, pero tan común... Tan común Dios mío en mí...
Ganas tristes de degollar gatos. Rabia llorona y una verguenza tan íntima que parece que traspasase los huesos...
Nauseas de los propios sentimientos, asco de la frialdad de mis manos al hablar de ciertas revoluciones tan recurrentes en mi fuero interno...
Presión en el pecho... pulso discontinuo y si, claro, unas inmensas ganas de morir aquí mismo.
martes, abril 01, 2008
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